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Cataluñas en Europa

October 20, 2012

El nacionalismo en la UE: más allá

Cataluña y Escocia no son los únicos territorios de la Unión Europea que aspiran a ser nuevos Estados de Europa. Las naciones sin Estado en la UE son una norma y una realidad organizada políticamente a través de la Alianza Libre Europea (EFA, por sus siglas en inglés), partido político europeo formado por 35 formaciones nacionalistas con representación en el Parlamento Europeo y que aboga por el derecho de autodeterminación de los pueblos.

Córcega, Sicilia, Groenlandia, Islas Feroés, Flandes, Irlanda del Norte, Escocia, Gales, Cataluña, País Vasco, Galicia o el territorio holandés de Frisia, que tiene lengua y cultura muy diferente de la neerlandesa, son una representación de una reivindicación política de la que pocos países de la Unión están a salvo.

 

Eslovaquia cuenta con una minoría húngara en torno al 10% de su población, localizada en el sur del país, cerca de la frontera con Hungría, y organizada políticamente en el Partido de la Minoría Húngara que defiende abiertamente la creación de un nuevo Estado o unirse a Hungría.  

 

Idéntica situación ocurre en la región austriaca de Carintia, donde viven 20.000 eslovenos considerados minoría nacional y que, tras ser perseguidos por los nazis en la II Guerra Mundial, lograron en 2011 que el esloveno sea cooficial en ciudades donde haya más de un 17% de eslovenos.

 

Las minorías rusas de las repúblicas bálticas de Lituania, Letonia y Estonia luchan para que el derecho a voto no vaya asociado al dominio del ruso y éste sea cooficial junto al estonio, letón y lituano. La Unión Democrática Magiar de Rumanía es el partido político que, mayoritariamente, representa las aspiraciones autonomistas de la minoría húngara rumana que vive en Transilvania y que juega un papel decisivo en la conformación de gobiernos en Rumanía. Su papel en la política rumana es comparable al que juegan CiU o PNV en la política española.

 

En Italia, Tirol del Sur es otro ejemplo más de que lazos culturales y políticos no siempre van de la mano. La región alpina de Tirol fue dividida entre Italia y Austria tras la ruptura del Imperio Austrohúngaro. Tirol del Sur cayó del lado de Italia y Tirol del Norte y del Este, del lado de Austria. Los tiroleses italianos hablan alemán y más de la mitad de sus habitantes desea abandonar Italia. De hecho, en 2011, los tiroleses del sur celebraron un referéndum, sin validez legal, donde el 33% votó a favor de la creación de un nuevo Estado y el 21,3% se posicionó a favor de la unificación con Austria.

 

Italia es, junto a España, Reino Unido y Francia, el Estado con más movimientos políticos que reclaman mayor autonomía o la independencia de, lo que consideran, sus naciones sin Estado. La Isla de Cerdeña está gobernada, por primera vez desde 2008, por Raffaele Lombardo, líder del Movimiento por la Autonomía, que obtuvo un 65% de votos en las elecciones regionales. Otra región italiana en la que los movimientos independentistas están aumentando espectacularmente es la zona norte, denominada Padania por la Liga Norte del ultraderechista e independentista Umberto Bossi que, no obstante, tras cogobernar el Estado italiano con Silvio Berlusconi, ha modificado su discurso desde el separatismo hasta el federalismo.

 

La Alemania federal de la austeridad y rigidez luterana también cuenta con territorios con aspiraciones sino independentistas, sí autonomistas. Baviera es el lander alemán más regionalista o autonomista. No en vano, la democristiana Unión Social Cristiana de Baviera (CSU) ha gobernado ininterrumpidamente la región desde la II Guerra Mundial.

 

La CSU es un partido hermanado con la Unión Demócrata Cristiana (CDU) de Ángela Merkel. Baviera es el Estado federado que más contribuye al fondo de solidaridad alemán y quiere negociar con Berlín un nuevo pacto fiscal. Por eso no es extraño que el nacionalismo catalán tenga en Baviera a su referente en una posible negociación de un pacto fiscal con el Estado español.

 

Además de los regionalistas bávaros, la minoría danesa del Estado federado Schleswig-Holstein también aporta su dosis de tensión territorial. La Asociación de Votantes de la Minoría Danesa es el partido político que lidera las reivindicaciones de los daneses alemanes. Otro pueblo minoritario que vive en Alemania son los sorbios, pueblo eslavo, reconocido como minoría nacional en Brandeburgo y Sajonia.

 

En Finlandia, en el Mar Báltico, se encuentra el archipiélago de Aland. Su lengua mayoritaria es el sueco, no el finés, y goza de mayor autonomía política que el resto de provincias finlandesas. Su único vínculo con Finlandia se reduce a Defensa. Gran parte de sus habitantes quieren volver a ser parte del Estado sueco que perdió el archipiélago a manos de los finlandeses en los avatares de la I Guerra Mundial.

 

Dinamarca, por su parte, convive con los territorios autónomos de las Islas Feroés y Groenlandia. La izquierda independentista gobierna actualmente las islas groenlandesas. Por el contrario, las Islas Feroés están gestionadas por el Partido Unionista aunque las fuerzas políticas independentistas disfrutan de mayoría en el parlamento autónomo.

 

Frisia, en Holanda, donde el idioma frisón es cooficial con el neerlandés, es el único territorio holandés con lengua propia y con un partido nacionalista, con un peso del 8,5% de los votos, que defiende la independencia. De momento, la población frisona se conforma con disponer de mayor autonomía política que el resto de entidades administrativas de Holanda.

 

En Polonia, el Movimiento de la Autonomía de Silesia, con el 10% de los votos, representa la vocación autonomista e identidad de los polacos silesianos que no hablan polaco y que presumen de una cultura diferenciada que fue duramente reprimida por el régimen soviético. Los silesios están divididos entre la República Checa, Polonia y una parte de Eslovaquia, aunque los silesios polacos son los que reclaman su autonomía y derechos nacionales con más ahínco.

 

 Los conflictos territoriales de Italia, España, Bélgica o Reino Unido son los que  ocupan más portadas de prensa, y los que más posibilidades parecen tener de cambiar el mapa de Europa. No obstante, la fuerza mediática no puede silenciar que en la Unión Europea existen muchos pueblos que dicen ser naciones sin Estado y que reclaman espacio propio en una Europa de los pueblos.

 

Eslovaquia, Italia, Reino Unido, Francia, Alemania, Bélgica, Finlandia, Lituania, Chipre, Dinamarca, Holanda o Polonia tienen también otras Cataluñas, otros Flandes y otras Escocias, con más o menor apoyo, que quieren cambiar el actual mapa político de Europa. La excepción en la UE es que haya Estados donde no haya una lucha entre el Estado central y comunidades políticas y culturales periféricas.

 

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